Siempre han enamorado, siempre anhelados y deseados.  El origen del diamante viene de ese lugar de donde casi todo lo que hasta hoy, nos ha servido como pilar del conocimiento y cultura  para  toda la sociedad que conocemos, la antigua Grecia.  No obstante se piensa que la primera civilización que identificó y minó los diamantes por primera vez  fue la India. Como la historia del famoso diamante  “La Luna de Baroda” la India es país de misterios joyas y tesoros.  De forma probada hará unos 3000 años que se sabe de su existencia aunque se estima que pueda llegar a 6000 años.

Como tal, esta magnífica  piedra se podría caracterizar dentro de lo que llamamos piedras preciosas aunque a nuestra forma de verlo, una de las más preciosas.  El diamante se forma a altas profundidades del manto terrestre, más o menos a unos 140-190 km, donde  están sometidos a altas presiones y elevadas  temperaturas.

Recibió el nombre por su increíble dureza, del antiguo griego “adamas, invencible” aunque no todo es  tan sencillo. La dureza del diamante no es regular en su totalidad, si no que dependiendo de la cara que sea, posee más o menos dureza según su estructura.  Al ser así, la piedra en bruto ha de ser tallada de la forma más óptima posible. (Así nacen las tallas).

 

Buscando las zonas geográficas donde es mayor su presencia, podríamos decir que las principales regiones productoras de esta impresionante  joya son Rusia, Canadá y África, aunque desde siempre, donde se comercia y posteriormente se distribuye  a  joyerías para su posterior trabajo, casi artesano en algunos casos, es en Europa y Asia (Amberes y Bombay).

 

A la hora de incidir trabajo sobre ellos se ha de saber que dependiendo del tipo de piedra en bruto que sea, es factible poder tallarlo de una u otra forma para sacar el mayor partido a la pieza.  La talla Brillante es la más conocida y demandada, en García Merina trabajamos mucho con esta aunque no dejarás de llevarte sorpresas con alguna otra.

 

Para diferenciar la “perfección” del diamante, estos vienen catalogados dependiendo de

la incidencia de la luz en sus facetas  (a más transparencia mejor talla) y color (a mayor

claridad, más pureza y menos imperfecciones).

El factor que más determina el precio del diamante es el tamaño del mismo medido en quilates, aunque también la llamada Fluorescencia, transparencia a la luz solar que tiene la piedra en cuestión.

Todo ello hace que un mismo diamante en una misma  talla,  tenga un valor muy alto o muy bajo según cada característica de esta, con lo que las hace piezas casi únicas y más si son de gran tamaño.

 

Te mantendremos informad@, no hay cosa que nos guste más. Gracias por visitar García Merina y más aún por compartir… ;  )

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